Paraguay · 2026
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El angiógrafo del IPS finalmente late: una victoria que los deportistas asegurados esperaban hace años

Cuando Isaías Fretes, presidente del Instituto de Previsión Social, exclamó "¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!", no estaba celebrando solo un logro administrativo. Estaba cerrando una herida abierta para miles de asegurados paraguayos, entre ellos deportistas y atletas que, frente a una sospecha cardíaca, debían optar entre la espera interminable en el sistema público o el desembolso privado que pocos pueden costear. Para el deporte paraguayo, esta noticia tiene pulso propio.

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Diego Espinoza Arenas
📅 2 de junio de 2026 📍 Asunción

El angiógrafo es, en términos simples, el ojo que mira adentro de las arterias. La hemodinamia —la especialidad que lo opera— permite diagnosticar con precisión milimétrica obstrucciones coronarias, malformaciones vasculares y arritmias de origen estructural. Sin ese equipo operativo, el IPS derivaba a sus pacientes a centros privados o a la lista de espera del Hospital de Clínicas, una odisea burocrática que en casos cardíacos puede costar la vida. O, en el caso de un deportista, puede costar la carrera.

En Paraguay, los atletas federados, los futbolistas de divisiones intermedias, los maratonistas de clubes barriales y los ciclistas amateurs que trabajan en relación de dependencia son, en su mayoría, asegurados del IPS. No tienen acceso a los seguros médicos privados de alto costo que sí cubren a los jugadores de la División de Honor o a los atletas olímpicos con contratos internacionales. Para ellos, el IPS no es una opción: es el sistema. Y ese sistema, hasta hace muy poco, no podía mirarles el corazón.

"¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!", declaró Isaías Fretes, presidente del IPS, en un anuncio que recorrió los medios nacionales con la urgencia que el tema merece.

La frase tiene algo de confesión involuntaria. El "por fin" implica una demora. Implica años —porque se trata de años— en que ese equipo estuvo inoperativo, en reparación, en gestión presupuestaria, en el limbo institucional que tan bien conoce la salud pública paraguaya. Ese limbo tiene cara, tiene nombre, tiene la textura particular de los pasillos del IPS: el olor a desinfectante mezclado con resignación, la fila que empieza antes de que amanezca, la ventanilla que deriva a otra ventanilla, el formulario que falta, la firma que no está. Para quienes transitaron ese laberinto buscando una respuesta cardíaca urgente, el "por fin" de Fretes no suena a celebración institucional. Suena a una deuda que se salda tarde, muy tarde.

Para el periodismo deportivo, esa demora no es solo un dato de gestión: es el contexto de varios casos silenciados. Futbolistas que abandonaron la actividad por diagnósticos tardíos. Atletas de atletismo que sintieron opresión en el pecho durante una prueba y esperaron meses para una respuesta concreta. Maratonistas que redujeron distancias por precaución, sin saber si el problema era el entrenamiento o el corazón. Esa angustia —la de no saber, la de no poder saber— es quizás la forma más cruel de la precariedad sanitaria: no el dolor, sino la incertidumbre que se instala y no se va. La historia oral del deporte paraguayo registra esos silencios. Las estadísticas oficiales, no.

Las enfermedades cardiovasculares en deportistas son un campo médico que desafía el sentido común: el ejercicio intenso protege el corazón, sí, pero también puede revelar —o incluso desencadenar— patologías que permanecían silentes. La miocardiopatía hipertrófica, causa número uno de muerte súbita en atletas jóvenes, solo se diagnostica con certeza mediante estudios de imagen avanzados. La displasia arritmogénica del ventrículo derecho, que afecta desproporcionadamente a deportistas de resistencia, requiere coronariografía en casos de sospecha. Sin un angiógrafo funcional, esos diagnósticos dependían de la suerte geográfica o del bolsillo de cada uno.

El anuncio de Fretes llega, además, en un momento en que el fútbol sudamericano está procesando sus propios terrores cardíacos. Los episodios de colapso en cancha —algunos fatales, otros rescatados por desfibriladores— han instalado en la agenda continental la pregunta sobre los protocolos de prevención. Paraguay no es ajeno a esa conversación, pero históricamente ha participado de ella sin una infraestructura institucional que la respalde. Hay algo doloroso en esa imagen: un país que ama el fútbol con fervor casi religioso, que llena estadios y bautiza hijos con nombres de camiseta, pero que no había podido garantizar a sus propios atletas el acceso a un diagnóstico cardíaco básico. Hoy, al menos en el papel y en la sala de hemodinamia del IPS, eso empieza a cambiar. La esperanza, esa mezcla agridulce que el paraguayo conoce bien —porque ha sido defraudado demasiadas veces para creer del todo, pero también demasiadas veces sorprendido para dejar de esperar—, vuelve a asomar.

Queda, sin embargo, la pregunta que el periodismo tiene la obligación de sostener: ¿el angiógrafo funcionando es el inicio de un protocolo preventivo para deportistas asegurados, o es simplemente la resolución de una avería que llevó demasiado tiempo? La diferencia entre ambas respuestas es la diferencia entre una política de salud deportiva y un titular de coyuntura. Isaías Fretes celebró el encendido de una máquina. Los deportistas paraguayos esperan que lo que se encienda, ahora, sea un sistema.

Fuentes consultadas:
  • Declaración pública de Isaías Fretes, presidente del IPS Paraguay, sobre la puesta en funcionamiento del angiógrafo del servicio de hemodinamia institucional (junio de 2026).
  • Conocimiento médico general sobre miocardiopatía hipertrófica, displasia arritmogénica del ventrículo derecho y su relación con la actividad deportiva de alta intensidad.