Paraguay · 2026
PR

Editor responsable: Dra. Patricia Rojas Gómez

Todos los artículos de esta sección son verificados y publicados por Dra. Patricia Rojas Gómez.

Artículos Publicados
🏥 Salud Pública

El angiógrafo del IPS por fin late: lo que una máquina dice sobre el corazón de un sistema de salud

Cuando el presidente del Instituto de Previsión Social, Isaías Fretes, exclamó "¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!", la celebración no era solo técnica: era el reconocimiento tácito de años en que miles de asegurados paraguayos tuvieron que costear en el sector privado — o directamente resignar — procedimientos cardiológicos que debían ser su derecho. Un equipo de hemodinamia operativo en el IPS no es una noticia menor; es, potencialmente, la diferencia entre vivir y morir para pacientes con enfermedad coronaria aguda.

PR
Dra. Patricia Rojas Gómez
📅 2 de junio de 2026 📍 Villarrica

Primero, lo clínico, porque el periodismo de salud pública obliga a explicar antes de opinar. Un angiógrafo es un equipo de diagnóstico y tratamiento por imagen que utiliza rayos X y contraste iodado para visualizar en tiempo real el interior de las arterias y venas del cuerpo. En el contexto de la hemodinamia — la especialidad que estudia el flujo sanguíneo — este equipo permite realizar cateterismos cardíacos: procedimientos en los que un catéter delgado ingresa por la ingle o la muñeca del paciente, navega hasta el corazón y revela con precisión milimétrica si una arteria coronaria está obstruida, en cuánto por ciento, y dónde exactamente.

La importancia clínica es inmensa. Las enfermedades cardiovasculares son ampliamente reconocidas como una de las principales causas de muerte en Paraguay y en la región. El infarto agudo de miocardio, la angina inestable, las valvulopatías severas y ciertos tipos de arritmia requieren, para su diagnóstico definitivo y tratamiento oportuno, exactamente lo que un angiógrafo provee. Sin él, el cardiólogo trabaja "a ciegas": puede sospechar una oclusión coronaria, pero no puede actuar sobre ella con precisión. Con el angiógrafo operativo, el equipo de hemodinamia puede colocar stents, hacer angioplastias y realizar procedimientos que abren arterias bloqueadas en el mismo acto diagnóstico, salvando músculo cardíaco — y vidas — en minutos.

"¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!" — Isaías Fretes, presidente del IPS.

La exclamación de Fretes merece ser leída con dos registros simultáneos. El primero es el del alivio genuino: un funcionario que sabe lo que implica esa máquina para los asegurados del IPS y sus familias. El segundo, inevitablemente, es el del síntoma: ese "por fin" encierra una historia de demoras, burocracia, licitaciones trabadas o equipos desactualizados que no deberían existir en la institución de seguridad social más grande del país. En salud pública, celebrar que algo funciona cuando siempre debió funcionar es, al mismo tiempo, un logro y una confesión. Y la sociedad paraguaya ha aprendido a escuchar esa palabra —por fin— con una mezcla de gratitud y desconfianza que es, en sí misma, un diagnóstico: gratitud porque la espera terminó, desconfianza porque sabe que puede volver a empezar. Esa ambivalencia no es cinismo; es memoria. Es la acumulación de inauguraciones que quedaron en fotos, de equipos que volvieron a apagarse, de promesas que no sobrevivieron al siguiente cambio de gestión.

Desde Villarrica, la perspectiva del interior del país agrega otra capa de análisis. Los pacientes del Departamento de Guairá, del Caazapá o del Alto Paraná que necesitan un cateterismo cardíaco deben trasladarse a Asunción — muchas veces en ambulancia, muchas veces en condición crítica, con la familia siguiendo detrás como puede. Si el IPS Central tiene su angiógrafo inoperativo, esos pacientes enfrentan una disyuntiva brutal: pagar en una clínica privada un procedimiento que muchas familias simplemente no pueden costear, o esperar un turno en el sistema público que puede demorarse semanas. En ambos casos, el infarto no espera. Hay algo profundamente injusto en esa escena: el asegurado que descuenta mes a mes, que cumplió con el sistema toda su vida laboral, que llega al hospital creyendo que tiene derecho a ser atendido — y se enfrenta a un equipo apagado, a una sala vacía, a un médico que le explica con vergüenza ajena que van a derivarlo. La brecha entre lo que el sistema promete y lo que el sistema entrega se mide, en estos casos, en músculo cardíaco que se pierde mientras se resuelve la logística.

El angiógrafo del IPS funcionando es, entonces, una buena noticia con asterisco. Es buena porque restituye una capacidad que sus asegurados financian con cada aporte mensual. Es buena porque reduce la dependencia de una red privada a la que no todos pueden acceder. Pero el asterisco es grande: Paraguay necesita no solo que el angiógrafo del IPS central funcione, sino que exista una red de hemodinamia regional con equipos en ciudades como Encarnación, Ciudad del Este y Concepción, con guardias activas las veinticuatro horas, con el recurso humano formado y retenido en el sistema público. Un solo angiógrafo para todo el universo de asegurados del IPS sigue siendo, en términos epidemiológicos, insuficiente.

La declaración del presidente Fretes abre una oportunidad que el periodismo de salud pública tiene la obligación de aprovechar: exigir transparencia sobre cuántos procedimientos podrá realizar el equipo por mes, cuál es la lista de espera actual, qué protocolo rige la atención de emergencias coronarias nocturnas y qué plan existe para garantizar el mantenimiento preventivo del equipo — justamente para que el próximo titular no vuelva a necesitar ese "por fin". El corazón de la salud pública paraguaya late hoy un poco más fuerte. La pregunta es si el sistema tiene la voluntad política de mantener ese ritmo.

Fuentes consultadas:
  • Declaración pública de Isaías Fretes, presidente del IPS Paraguay (junio de 2026), sobre la operatividad del angiógrafo de hemodinamia
  • Conocimiento médico general sobre hemodinamia, cateterismo cardíaco y procedimientos de angioplastia coronaria