Paraguay · 2026
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🇵🇾 Cultura & Identidad Nacional

El "por fin" que nos define: angiógrafo, paciencia y la gramática del abandono institucional

Cuando Isaías Fretes, presidente del Instituto de Previsión Social, exclamó "¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!", no anunció solo la operatividad de una máquina. Pronunció, sin querer, el resumen más honesto de lo que significa ser paraguayo ante el Estado. Dos palabras —"por fin"— contienen siglos de espera y una resignación que hemos aprendido a llamar fortaleza.

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Prof. Catalina Rodríguez Villalba
📅 2 de junio de 2026 📍 Asunción

Hay expresiones que no necesitan traducción porque son, en sí mismas, documentos históricos. "Por fin" es una de ellas. No es celebración pura: es celebración mezclada con denuncia, alivio teñido de vergüenza ajena, gratitud que implica, en su propia estructura gramatical, que hubo un tiempo largo —demasiado largo— en que aquello que se celebra simplemente no existía. Cuando el presidente del IPS usó esa fórmula para anunciar que el angiógrafo del servicio de hemodinamia finalmente está operativo, no hizo periodismo institucional. Hizo, sin saberlo, antropología paraguaya.

El angiógrafo es un equipo de diagnóstico y tratamiento cardiovascular imprescindible para procedimientos como cateterismos, angioplastias y stents coronarios. Su ausencia en el IPS —la institución de seguridad social más grande del país, que cubre a cientos de miles de trabajadores formales y sus familias— no es una anécdota técnica. Es una radiografía del Estado paraguayo: un organismo que promete cobertura integral y entrega, en cambio, derivaciones al sector privado, listas de espera eternas y la angustia silenciosa de quien sabe que su corazón depende de un presupuesto que nunca alcanza.

"¡Por fin nuestro angiógrafo ya está funcionando!" — Isaías Fretes, presidente del IPS.

Lo que llama la atención de la declaración de Fretes no es su contenido sino su tono. Hay en ese "¡por fin!" una alegría genuina, casi infantil, que podría leerse como frescura institucional. Pero también puede leerse —y debe leerse— como la naturalización de lo inaceptable. En ningún país con instituciones sólidas un presidente de seguridad social celebraría que un equipo médico de uso cotidiano finalmente funciona. Eso se da por sentado. Aquí, en cambio, se festeja. Y la pregunta que debemos hacernos como sociedad es: ¿desde cuándo aprendimos a festejar lo mínimo?

La identidad paraguaya tiene una relación compleja con la espera. Somos un pueblo que sobrevivió la Guerra Grande perdiendo la mayor parte de su población, que reconstruyó el país desde el silencio y el trabajo sin glamour, que aprendió a no esperar demasiado del poder para no sufrir demasiado con sus incumplimientos. Esa resiliencia es real y merece respeto. Pero hay una trampa en esa virtud: cuando la paciencia se vuelve norma, el abandono se vuelve invisible.

Imaginá, por un momento, lo que vivió el asegurado que llegó al IPS con dolor en el pecho y fue derivado al sector privado porque el angiógrafo no funcionaba. El que tuvo que hacer malabares económicos para costear en una clínica lo que su aporte mensual debería haberle garantizado. El que esperó semanas una fecha de turno, sin certezas, sin respuestas claras, con la angustia silenciosa de quien sabe que el corazón no espera burocracia. Esas personas no aparecen en ningún comunicado institucional. Su sufrimiento es la letra chica del anuncio festivo.

Cuando celebramos que el angiógrafo por fin funciona, estamos, sin quererlo, normalizando que durante meses o años no funcionó. Y esa normalización no ocurre de golpe: se acumula en cada derivación negada, en cada familiar que salió del IPS con un papel en la mano y ninguna solución, en cada trabajador que cotizó treinta años con la esperanza de que el sistema lo cuidaría y descubrió, en el momento más vulnerable, que el sistema también tenía sus propios "por fin" pendientes.

El IPS es, simbólicamente, el pacto entre el Estado y el trabajador paraguayo. Es la promesa de que quien cotiza toda su vida activa tendrá, al momento de la enfermedad o la vejez, una red que lo sostenga. Que esa institución haya operado —por el tiempo que sea— sin un equipo esencial para tratar enfermedades cardiovasculares, enfermedades que golpean a hombres y mujeres en la mitad de su vida productiva, que los sacan del trabajo y de sus familias sin aviso, no es un problema logístico. Es una fractura ética. Y la exclamación de Fretes, lejos de cerrar esa fractura, la ilumina con una luz incómoda: la de quien celebra un piso como si fuera un techo.

Dicho esto, el anuncio también abre una pregunta más esperanzadora. Si hay un presidente del IPS que sale a comunicar personalmente que el angiógrafo funciona, con evidente orgullo y alivio, es porque entiende —o al menos intuye— que esto importa, que los asegurados merecen saber, que la opacidad institucional no es la única opción. Hay algo de genuino en ese entusiasmo, y sería injusto negarlo. El paraguayo, acostumbrado al anuncio vacío y a la promesa que se evapora en el aire del trópico, tiene muy calibrado su termómetro de la desconfianza. Pero también guarda, en algún lugar que prefiere no mostrar demasiado, una reserva de esperanza. Una esperanza terca, casi tonta, que se reactiva con cada señal —por pequeña que sea— de que las cosas pueden mejorar.

Esa esperanza merece ser honrada con hechos, no solo con comunicados. El angiógrafo funcionando es una señal. Lo que viene después —el mantenimiento, la disponibilidad de insumos, la continuidad del servicio sin interrupciones, la transparencia cuando algo falla— es la prueba real. El "por fin" de Fretes puede ser el inicio de algo o puede ser otro capítulo en una historia larga de anuncios que brillan un instante y luego se apagan. La diferencia no la hará el entusiasmo del comunicado. La hará la consistencia silenciosa del día a día, la que no genera titulares pero sí genera confianza.

Paraguay merece instituciones donde el "por fin" deje de ser noticia y el funcionamiento adecuado sea, sencillamente, lo ordinario. Ese es el país que merecen quienes cotizan mes a mes con la fe —a veces muy maltratada— de que el sistema los cuidará cuando más lo necesiten.

Fuentes consultadas:
  • Declaración pública de Isaías Fretes, presidente del IPS Paraguay, sobre la operatividad del angiógrafo del servicio de hemodinamia.
  • Contexto institucional del Instituto de Previsión Social (IPS) de Paraguay, organismo de seguridad social para trabajadores formales.
  • Conocimiento médico general sobre procedimientos de hemodinamia: cateterismos, angioplastias, stents coronarios y el rol del angiógrafo en su realización.